sábado, 3 de marzo de 2012

Los viajes de los beatniks en busca de ayahuasca.

Ando leyendo muchos libros y artículos sobre drogas (sobre todo psicodélicas) últimamente. Esto me lo digo a mí mismo y trato de preocuparme pero no lo consigo. He terminado de leer (en aproximadamente 18 horas) Las cartas de la ayahuasca, pequeño libro formado por la correspondencia que mantuvieran William Burroughs y Allen Ginsberg durante sus respectivos viajes a Sudamérica en busca de la famosa planta sagrada. Si de este libro dependiera mi decisión de aventurarme también en su búsqueda, seguro que ya hubiera desistido. He tratado más bien de contextualizarlo en su tiempo y en su género. Hay que entender que se trata de uno de los primeros escritos literarios en tratar el asunto. Se desarrolla primero en 1953 (la parte de Burroughs) y después en 1960 (la parte de Ginsberg). También hay que considerar el género epistolar, pero sobre todo el hecho de que lo hayan escrito los principales representantes de la generación Beat. Eso justificaría el hecho de que a veces los "viajes" con ayahuasca queden a un lado y sólo sirvan como nexos para contar otras cosas (por ejemplo, la impresión de asco que dejan Colombia y Ecuador en Burroughs, así como sus aventuras sexuales con muchachitos "de uñas largas" en Perú). Ginsberg es mejor, en mi opinión, para relatar en detalle sus "viajes". No sólo es más poético al narrar sus visiones y sensaciones, sino que nos regala un par de ilustraciones que hizo a partir de lo que vio.




Burroughs trata de redimirse en su respuesta a Ginsberg diciéndole que él ya conocía todo lo que Ginsberg le cuenta, que experimentó de igual forma muchas de estas visiones, pero que el desconcierto fue tal que no alcanzó a narrarlas. "No hay nada que temer." (...) "Nada es Verdad. Todo está permitido", le dice, dado que la carta de Ginsberg era bastante desesperada (temía por su vida y por su cordura). Luego deja de lado el tema y pasa a venderle a Ginsberg la técnica del cut-up, que es lo que en ese momento le tiene apasionado y gracias a la cual ha escrito El almuerzo desnudo y escribirá otras de sus más famosas novelas. El libro termina con el texto ¿Me estoy muriendo, Míster?, en el que Burroughs hace una especie de resumen de su recorrido por Sudamérica, esta vez empleando la técnica narrativa antes mencionada. 

El libro me ha servido como un complemento en mi recolección de información sobre drogas alucinógenas. Quizá los beatniks no son la mejor opción a la hora de pedir consejos al respecto, pero sus experiencias marcaron el inicio de la popularización de todas estas sustancias. A continuación (y para cerrar con un medio audiovisual, que siempre resulta más atractivo), un pedazo de un documental sobre ayahuasca narrado por el viejo Bill. Está en inglés pero se entiende bastante bien a pesar de (o gracias a) el característico acento de Burroughs. 




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