domingo, 29 de julio de 2012

"After Dark", de Haruki Murakami (fragmento).



[...] Golpea suavemente el estuche del instrumento musical que se encuentra a su lado. Parece que esté dándole palmaditas en la cabeza a un perro fiel.
     —Los de mi grupo ensayamos en el sótano de un edificio de por aquí. Puedes meter tanto ruido como quieras, nadie se queja. La calefacción no funciona bien y, en esta época del año, te congelas, pero nos lo dejan usar gratis, así que no podemos andarnos con exigencias.
     Mari dirige una mirada al estuche.
     —¿Es un trombón?
     —Sí. ¿Cómo lo sabes? —dice él, ligeramente sorprendido. 
     —Sé qué forma tiene un trombón. Hasta ahí alcanzo.
     —Sí, ya. Pero este mundo está lleno de chicas que ni siquiera saben que el trombón existe. En fin, supongo que es inevitable. Ni Mick Jagger ni Eric Clapton se convirtieron en estrellas del rock tocando el trombón precisamente. ¿Y has visto alguna vez a Jimi Hendrix o a Pete Townshend destrozando un trombón en el escenario? Ni pensarlo. Todos destrozan guitarras eléctricas. Si machacaran un trombón, lo único que harían es el ridículo.
     —Entonces ¿por qué lo has elegido tú?
El hombre se hecha crema de leche en el café que le acaban de servir y da un sorbo. 
     —Cuando estaba en secundaria, un día, por casualidad, encontré un disco de jazz que se llamaba Bluesette en una tienda de discos de segunda mano. Un LP muy, muy viejo. No tengo ni idea de por qué lo compré. Ya ni me acuerdo. Porque yo, hasta entonces, no había escuchado nunca jazz. En fin, sea como sea, la primera melodía de la cara A se llamaba Five Spot After Dark y era alucinante. El trombón lo tocaba Curtis Fuller. La primera vez que lo oí tuve una especie de revelación. ¡Sí! ¡Ése es mi instrumento! El trombón y yo. El destino nos había unido. 
     El hombre tarareó los ocho primeros compases de Five Spot After Dark.
     —La conozco —dice Mari.
     Él pone cara de pasmo. 
     —¿La conoces?
     Mari tararea los ocho compases siguientes.
     —¿Y cómo es que la conoces? —pregunta él.
     —¿Hay algo malo en ello?
     Él deja la taza de café sobre la mesa y sacude ligeramente la cabeza. 
     —No, no hay nada malo. Sólo es que... Es que no me lo puedo creer. Que, hoy en día, una chica conozca Five Spot After Dark... En fin, el caso es que Curtis Fuller me alucinó y, a raíz de eso, empecé a tocar el trombón. Les pedí a mis padres que me prestaran algo de dinero, me compré un trombón de segunda mano, entré en el club de música de la escuela y, desde el bachillerato, voy tocando en uno u otro grupo. Al principio hacía de acompañamiento en conjuntos de rock. Una especie del Tower of Power de antes. ¿Conoces Tower of Power?
     Mari niega con la cabeza.
     —No importa. Total, que antes hacía eso, pero ahora toco jazz, puro y desnudo. Mi universidad no es nada del otro mundo, pero tiene un grupo de música que no está mal.
     La camarera se acerca a llenarle de nuevo el vaso de agua. Él hace un gesto negativo. Echa una ojeada al reloj de pulsera.
     —Ya es hora. Tendría que irme.
     Mari calla. La expresión de su cara indica: "Nadie te retiene".
     —Claro que todos llegan siempre tarde —dice él.
     Mari no hace ningún comentario al respecto.

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