lunes, 16 de abril de 2012

Media broma: impresiones tras la lectura de la (casi) mitad de "La broma infinita".

La broma infinita, aunque obviamente es finita, le hace honor a su título en la medida en que uno cree avanzar y tras leer dos horas seguidas se da cuenta de que en realidad no ha avanzado prácticamente nada. No puedo creer que en un mes y medio no haya llegado ni a la mitad. Es verdad que mi ritmo de lectura no ha sido el usual, pero de todas formas, pensar que me falta un 56% es muy desalentador. Son 1404 páginas en la versión de mi lector digital, y cada página es doble (se repite su numeración dos veces) debido al tamaño de la pantalla del lector (un nook de primera generación). La sección de "Notas y erratas" empieza en la página 1241, así que en mi cálculo personalizado, cuando llegue a la 1240 habré terminado el libro, dado que las notas al final se leen a medida que van apareciendo. La gente que formó parte del proyecto Infinite Summer, se propuso leer el libro en 3 meses, a un ritmo de 75 páginas semanales. Cuando empecé, me dije que eso era demasiado lento para mí. Ingenuo, yo: no sabía a lo que me enfrentaba. 

Como toda novela que intenta ser total (o cuya extensión en grosor excede los 6 cm.), tiene sus altos y bajos. Durante los altos, mi ritmo se acelera y puedo leer entre 40 y 50 páginas por día. Un buen ejemplo de esto son  las tomas fragmentadas de la larga conversación nocturna que se desarrolla sobre una montaña con vista a la ciudad de Tucson entre Marathe y Steeply, las muy detalladas reuniones de los AA de Boston (la comprensión de la naturaleza de la adicción por parte de Wallace es magnífica), o las conversaciones telefónicas entre Hal y Orin Incandenza. Durante los bajos, por otro lado, me cuesta mucho leer apenas 10 páginas, y a veces desearía saltarme esa sección que me frena. En otras ocasiones, uno se encuentra leyendo con un buen ritmo y de buena gana y de pronto aparece una nota al final con una extensión excesiva (a veces 10 o 15 páginas, y hay que recordar que la letra de las notas es diminuta), que versa sobre temas totalmente ajenos a lo que se estaba leyendo y en lugar de aclarar algo, nos desvía y desorienta completamente. También entonces quisiera olvidarme de esas notas y seguir leyendo. Por supuesto, no lo hago, porque en mi iniciación a la lectura de este monstruo se me advirtió que, pase lo que pase, debía confiar en Wallace hasta el final. Y no puedo decir que me haya defraudado hasta ahora, pese a todo. 

Uno extraña (¿añora?) otras lecturas, otras emociones. Habría leído 4 o 5 libros en el tiempo que me ha tomado leer menos de la mitad de este. Varias veces me he sentido tentado por dejarlo un rato y descansar un poco de él con la lectura de un libro fugaz (a la manera en que uno le pide a una novia que "nos-demos-un-tiempo", y sale a buscar otras sensaciones en breves aventuras de una noche). Aún no lo he hecho, pero no descarto la posibilidad. Imagino que este era el objetivo de Wallace al escribirlo: crear un objeto descomunal de entretenimiento que te tuviera pegado a él por mucho tiempo, absorbiéndote, burlándose de ti mientras lees en él cómo otros, iguales a ti, se pierden en entretenimientos similares. 

Si escribo ahora, es quizás porque atravieso una crisis al empezar a sospechar que estoy perdiendo mi tiempo. No veo hacia dónde pueda ir la trama de esta novela (si es que hay una) y me veo a mí mismo como sentado en una sala de cine, solo, viendo pasar imágenes tras imágenes, personajes tras personajes, y no hay proyeccionista; la cinta parece no acabarse nunca. El proyeccionista podría no ser necesario y entonces el espectáculo soy yo mismo, mientras veo esa cinta sin principio ni fin. Uno empieza a incomodarse. Uno quiere salir corriendo de la sala y exigir que le devuelvan su dinero. Esta metáfora es robada de la misma novela, cuando se explica una de las películas del Dr. James Incandenza, "La broma". Esa es la dinámica en la que me veo inmerso y, sin embargo, pese a la incomodidad y a la sensación de estafa, pese a sentirme objeto de una burla, de una pesadísima broma, quiero seguir ahí. Supongo que me ha atrapado, que he caído, y a estas alturas no queda más que dejarse llevar...

Diseño de Cody Hoyt inspirado en "La broma infinita". Es muy entretenido buscar todas las alusiones a la novela en él. 




miércoles, 4 de abril de 2012

Escatón para dummies: una aproximación al demencial juego ideado por DFW.

El Escatón (Eschaton, en inglés) es un juego a mitad de camino entre un wargame y el tenis. Uno de los capítulos de La broma infinita está dedicado a narrar una partida de Escatón llevada a cabo en la Academia Enfield de Tenis, el 8 de noviembre del Año de la Ropa Interior para Adultos Depend (día de la Interdependencia de la ONAN). Es fácil perderse mientras se lee la intrincada explicación de sus reglas, sus detalles y el desarrollo de esta partida en particular. El capítulo es bastante extenso y su complejidad elevada, pues se asume que ya conocemos la dinámica básica del juego, las siglas usadas y demás pormenores. Me imagino que si un lector no dejó la novela después de las 200 primeras páginas, este sería el siguiente punto en el que, una vez más, consideraría hacerlo. Dado que se trata de un capítulo narrado tan genialmente (sí, complejo pero genial, así es David Foster Wallace), quisiera aportar en algo a la comprensión del mismo para que futuros lectores no abandonen la descomunal novela al enfrentarse a él.

Grosso modo: Tenemos cuatro pistas de tenis en las cuales se despliega un mapa del mundo. Tenemos seis grandes equipos (Combatientes), cada uno de los cuales representa una potencia, por lo general un conjunto de naciones aliadas teóricamente a manera de Anschluss, teniendo así: OTAN-AM (AMNAT, en inglés), URS-VARS (SOVWAR, en inglés), CHINROJ (REDCHI, en inglés), IRLIBSIR (IRLIBSYR, en inglés), SUDÁF (SOUTHAF), e IND-PAK (igual en inglés). Las siglas de cada una se explican a sí mismas. Se le otorga a cada equipo un número determinado de pelotas de tenis viejas, las cuales representan cabezas termonucleares de 5 megatones cada una. A través del mapa se colocan implementos tenísticos como camisetas, toallas, shorts, brazaletes, calcetines, zapatillas y otros; cada uno de estos representa distintos blancos estratégicos en  cada país (grupo geopolítico). Uno de los chicos no pertenecerá a ningún equipo y gracias a sus habilidades para el cálculo y la computación (es requisito que sea un freak) será nombrado Maestro del Juego ("quien lleva el gorro"); este año se trata de Otis P. Lord, quien controlará las estadísticas del juego mediante un programa diseñado exclusivamente para el Escatón, instalado en un computador portátil que lleva en un carrito de comida de hospital a través de las pistas. Dado el poder de decisión que tiene en el juego es considerado una especie de Dios en este conflicto global teórico. El Maestro del Juego debe idear una Situación Desencadenante plausible y entonces la partida comienza. Las tensiones internacionales son intermitentes y eventualmente los Combatientes empiezan a disparar sus pelotas-misiles con sus raquetas, usando un golpe tenístico conocido como lob. El equipo ganador será el que logre infligir más daño a sus oponentes en cuanto a víctimas mortales, destrucción e incapacitación de respuesta; daño calculado en puntos por el programa que maneja el Maestro.

¿Se entendió? Wallace lo explica mucho mejor que yo, léanlo a él. El Escatón no tiene por qué interesar a alguien que no haya leído o que no se encuentre leyendo la novela. Sin embargo, podría motivar a algunos a leerla, dándoles una idea del tipo de ocurrencias que en ella podrán encontrar. Es mi deber advertirles, de todas formas, que la importancia de la partida de Escatón se limita al  ingenio con el que es narrada, pero no tiene ninguna incidencia en la trama fundamental. 

He encontrado, en mis constantes indagaciones respecto a ciertos detalles de la novela, dos elementos que facilitarán la comprensión del Escatón a quienes se sientan igual de desorientados que yo cuando se enfrenten a este capítulo. Una vez revisados, el capítulo se hará no sólo más llevadero sino realmente divertido. Lo prometo. 

El primero es esta ilustración de Chris Ayers, que resume de manera gráfica todo el capítulo. Está en inglés pero es bastante comprensible si se lee a la par con la novela (y si se le da clic para agrandarla). 



El segundo es el vídeo del tema Calamity Song de The Decemberists. Es una representación casi perfecta de lo que Wallace quiso transmitir cuando narró la partida de Escatón. Tiene sus errores: tres pistas de tenis en lugar de cuatro, no está nevando, y Ann Kittenplan es lindísima en lugar de ser una corpulenta muchacha con bigote y con la cabeza rapada, pero por lo demás es perfecto. Lo más emocionante es quizás ver a Colin Meloy, el cantante, como Michael Pemulis, con su gorra de capitán de yate y comiendo maní. El clímax, con Ingersoll lanzando la pelota (cabeza nuclear de 5 megatones) contra Kittenplan y desatando así el caos global, es buenísimo. Y sí, la canción es muy buena también. 



viernes, 30 de marzo de 2012

De mi reconciliación fallida con Facebook.

Aún no estoy completamente seguro de qué fue lo que me llevó a considerar volver a abrir una cuenta en Facebook. Quizás pensé que sería divertido analizar a modo de experimento las interacciones que la gente sostiene allí. Quizás quería darle una nueva oportunidad, ahora que las cosas entre Twitter y yo van bien. Mi desprecio por Facebook, que me llevó a dejarlo definitivamente hace 1 año, 3 meses, y 29 días, se extendió irracionalmente a todas las redes sociales, sin distinción, y me mantuvo alejado durante bastante tiempo de ese mundillo al que califiqué de fuente de todos los males. Sea como fuere, hoy, en un momento de desocupación extrema, decidí que tal vez la red social no era tan diabólica y que Mark Zuckerberg no era la representación de Mefistófeles. 

Era posible que estuviera exagerando, así que ingresé a facebook.com y empecé el proceso de registro; sin mayor complicación mi cuenta estuvo creada en menos de 2 minutos. Ahora debía completar mi perfil. ¿Perfil? ¿En qué se ha convertido todo esto? ¿Timeline? ¿Un recorrido a través de mi historia en la red para saber lo que he hecho cada día a cada hora? ¿Mi vida rastreada hasta el momento de mi nacimiento? Dejé eso del Timeline de lado. Quise introducir datos básicos en el perfil. En la categoría "Acontecimiento importante" encontré subcategorías, como "Empleo y educación", "Familia y relaciones", Hogar y vivienda", "Salud y bienestar" y "Viajes y experiencias". Todo esto ya me estaba mareando, pero no sabía lo que me esperaba al desplegar las subcategorías de estas subcategorías.

Nota: Algunas de estos "acontecimientos importantes" sencillamente rayan en lo absurdo; para ellos está reservada la categoría "¡Qué carajos!" (QC). El pecado de otros radica en su ridiculez y lo único que merecen como comentario son las sabias palabras de Peter Griffin: "Oh my God, who the hell cares?" (WTHC).   



Empleo y educación:
  • Nuevo trabajo 
  • Jubilación
  • Nueva escuela
  • Estudios en el extranjero
  • Trabajo voluntario (WTHC)
  • Servicio militar (QC)


Familia y relaciones:
  • Nueva persona conocida (WTHC)
  • Nueva relación
  • Compromiso
  • Matrimonio
  • Nacimiento de un hijo
  • Nuevo miembro de la familia
  • Nueva mascota (WTHC)
  • Fin de una relación (WTHC)
  • Pérdida de un ser querido (QC)


Hogar y vivienda:
  • Mudanza
  • Compra de casa
  • Remodelación
  • Nuevo compañero de cuarto (WTHC)
  • Nuevo vehículo


Salud y bienestar:
  • Donante de órganos (QC)
  • Superación de una enfermedad
  • Abandono de hábito nocivo 
  • Nuevos hábitos alimenticios
  • Pérdida de peso (WTHC)
  • Anteojos, lentes de contacto, otros (WTHC)
  • Fractura de un hueso (QC)


Viajes y experiencias:
  • Nueva afición (WTHC)
  • Nuevo instrumento musical
  • Aprendizaje de un idioma
  • Tatuaje o piercing (QC)
  • Nueva licencia (WTHC)
  • Viaje
  • Logro o premio (WTHC)
  • Cambio de creencias (QC)
  • Primera palabra, primer beso, otro (WTHC)
  • Nuevo deporte


Huelga decir que (casi literalmente) salí corriendo. Facebook no solo sigue siendo un hervidero de procrastinación (el verificador de ortografía me dice que esta palabra no está bien escrita y me sugiere como alternativa "prostitución"; quiero abrazar al verificador de ortografía), sino que se ha vuelto un remedo de autobiografía (involuntaria), una especie de novia intensa que no te deja ni respirar, que no contenta con saber, quiere categorizar absolutamente todo lo que haces, a todo momento. Lo peor de esto es que una enorme cantidad de gente ha accedido voluntariamente a vender su vida a cambio de un poco de atención social. Entren a un café Internet cualquiera y espíen a los usuarios: apuesto mi colección de discos de los Beatles a que el 85% de ellos están revisando Facebook o tienen una pestaña del navegador con Facebook abierto. Lo mismo pasará con cualquier persona usando una computadora o un smartphone. La red social ha revolucionado no solo la forma en que nos comunicamos, sino la forma en que nos relacionamos a nivel social. Si lo que haces no está en Facebook no existe, nunca sucedió. La única versión de tu vida que cuenta es la de Facebook. Todo lo que haces o piensas debe estar documentado inmediatamente en tu muro (ahora Timeline, perdón), pues debe ser aprobado (likeado) por tus amigos. Y un like  dice más que mil palabras, ¿no?

Suficiente de mis peroratas contra Facebook. Dejo las premonitorias palabras de George Orwell, quien ya lo dijo mucho mejor que yo en su genial 1984, una novela que lejos de haberse equivocado en su profecía de futuro, le ha atinado en lo más sutil, adelantándose con más de 60 años a la realidad que vivimos actualmente sin siquiera darnos cuenta (que es el verdadero objetivo de un sistema tirano y totalitario).



martes, 20 de marzo de 2012

20 de marzo del Año de la Tableta Masticable Ambien.


Entre las múltiples curiosidades que componen el universo de La broma infinita, está el Tiempo Subsidiado. Es una de las primeras cosas que tienden a confundir al lector, al menos hasta que este pueda coger el ritmo. Cada escena o capítulo en el libro lleva por título el año en el que se desarrolla, pero estos años no están numerados, sino que llevan nombres de productos. Así es; en el futuro ficticio del libro (futuro para cuando Wallace lo escribió) la Organización de Naciones Norteamericanas (la ONAN es el resultado de la ficticia unión geopolítica de México, Estados Unidos y Canadá), con su presidente Johnny Gentle, ha decidido vender a las compañías publicitarias los derechos para usar sus productos como auspiciantes y emblemas a lo largo de 365 días, con el objetivo de "reforzar los ingresos de la ONAN". Aunque aún no he llegado a esto en la novela, se supone que una reproducción con la forma del producto correspondiente hecha de hierro macizo es colocada en la mano siempre en alto de la Estatua de la Libertad (en lugar de su antorcha) cada 1 de enero, para permanecer ahí a lo largo del año. Se trata de otra de las bromas que Wallace mantiene a lo largo de la novela, ridiculizando la saturación de la cultura de consumo, en donde ya ni siquiera el tiempo, como recurso intangible, está libre de ser usado para propaganda. 

Toda acción que en el libro se desarrolle antes del Año de la Hamburguesa Whopper, se dice que sucedió Antes del Subsidio (AS). Nunca se hace una aclaración explícita sobre cuándo empezó el Tiempo Subsidiado. Sin embargo, gracias a la nota de la página 223, en donde se exponen los años en orden cronológico, y gracias a algunos datos mínimos (como el hecho de que el 4 de noviembre del Año de la Ropa Interior para Adultos Depend es miércoles, entre otros), podemos deducir la correspondencia de los años de Tiempo Subsidiado con los años numerados que conocemos, teniendo así: 


    1. Año de la Hamburguesa Whopper (2002)
2. Año del Parche Transdérmico Tucks (2003)
3. Año de la Muestra del Snack de Chocolate Dove (2004)
4. Año del Superpollo Perdue (2005)
5. Año del Maytag Dishmaster Sup (2006)
6. Año de la Actualización Fácil de Instalar para Placas Madre 
del Visor de Cartuchos de Resolución Mimética para Sistemas Caseros, 
de Oficina o Móviles Infernatron/InterLace Yushityu 2007 (sí, obvio, 2007)
7. Año de los Productos Lácteos de la América Profunda (2008)
8. Año de la Ropa Interior para Adultos Depend (2009)
9. Año de Glad (2010)


Por supuesto, esta correlación es sólo teórica (suponiendo que el Tiempo Subsidiado es paralelo al tiempo que conocemos) y sirve para orientarnos temporalmente: esa terrible necesidad humana. Es probable que además de la intención satirizadora, la idea del Tiempo Subsidiado cumpla la función de volver a la novela lo más intemporal posible. Si nos atenemos a la correlación propuesta, el Año de Glad ya terminó, y también el que le sigue, por lo que ahora podríamos encontrarnos en el Año de la Tableta Masticable Ambien o en el Año del Helado de Sabor Cherry García de Ben & Jerry's, o quizás incluso en el más sencillo y realista Año del iPad 3, que ya tiene antecedentes. Tratar de ubicar en el mundo real la cronología ficticia de Wallace es un error, así como cualquier intento por extrapolar elementos ficticios a la realidad. Dejemos a las novelas en paz y disfrutémoslas por lo que son. Al menos hagamos el intento. 

Ilustración de Chris Ayers para su blog Poor Yorick Entertainment



viernes, 9 de marzo de 2012

La filmografía de James O. Incandenza (una exploración visual).


—Estoy leyendo La broma infinita. Me estoy obsesionando con La broma infinita. Ya no logro distinguir la realidad real  de la realidad de La broma infinita.

Habiendo superado las primeras 150 páginas y, sobre todo, uno de los capítulos más endemoniadamente caóticos de la mastodóntica novela de David Foster Wallace, me veo compelido a compartir algo de lo visto en ese infierno, antes de perderme completamente dentro de él. Lo que sigue es un listado de 15 de las 78 películas del Dr. James Orin Incandenza (científico experto en óptica, tenista y director de cine experimental, après-garde y conceptual), detalladas en la que sin duda es la nota al final de texto más larga de la historia de la literatura. Elegí estas 15 porque fueron las únicas de las que pude encontrar un póster promocional. Lamentablemente no están algunas de mis favoritas, como Dominio inmanente, Jaula III: espectáculo gratuito, Cada centímetro de Disney Leith, El hombre que empezó a sospechar que estaba hecho de cristal, y (El) deseo del deseo.

—Es sorprendente el efecto que el libro va teniendo en mí: siento que conozco bien la obra de un cineasta ficticio. No quiero pensar en cómo terminaré cuando acabe la novela.

El post parecerá exageradamente largo, pero hay que tener en cuenta que la filmografía completa de Incandenza se compone de 78 películas (entre cortometrajes, largometrajes, documentales y otros inclasificables). He ordenado cronológicamente1 las descripciones de las películas y las he transcrito textualmente de la novela. Estoy consciente de que lo que hace a este post digno de algún interés2 no es otra cosa que los pósteres3; después de todo, son la razón de ser del mismo4. Así que pasemos a lo que interesa sin más demora (y sin más digresión).



Tipos de luz. A. S. Meniscus Films, Ltd.; sin reparto; 16 mm; 3 minutos; color; muda; 4.444 fotogramas individuales, cada uno de los cuales representa luces de diferentes fuentes, longitudes de onda y potencia, todas reflejadas con el mismo papel de aluminio sin pulir y desorientadoras a velocidad normal debido a la velocidad hiperretinal con que se suceden. CELULOIDE, DISTRIBUCIÓN LIMITADA AL BOSTON METROPOLITANO, REQUIERE PROYECCIÓN CON CARRETE PROYECTOR NORMAL DE .25.


Viudo. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Crosgrove Watt, Ross Reat; 35 mm; 34 minutos; blanco y negro; sonora. Filmada en Tucson, Arizona, parodia de comedias domésticas televisivas; un padre adicto a la cocaína (Watt) lleva a su hijo (Reat) por su desierta propiedad inmolando arañas venenosas. CELULOIDE; REESTRENO EN CARTUCHO INTERLACE TELENT. Nº. 357-75-00 (AMPP).


Jaula II. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Crosgrove Watt, Disney Leith; 35 mm; 120 minutos; blanco y negro; sonora. Sádicas autoridades penitenciarias ponen a un convicto ciego (Watt) y a un convicto sordomudo en una celda incomunicada y los dos intentan inventar modos de comunicarse. EXISTENCIAS LIMITADAS EN CELULOIDE; REESTRENO EN VÍDEO MAGNÉTICO.


Diversión con dientes. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Herbert G. Birch, Billy Tolan, Pam Heath; 35 mm; 73 minutos; blanco y negro; muda con gritos y chillidos inhumanos. Parodia de Kosinski/Updike/Peckinpah: un dentista (Birch) realiza dieciséis procedimientos sin anestesia en las raíces dentales de un académico (Tolan), de quien sospecha que tiene un lío con su mujer (Heath). VÍDEO MAGNÉTICO; DISTRIBUIDA PRIVADAMENTE POR LATRODECTUS MACTANS PROD.


Varias llamas pequeñas. A. S. Latrodectus Mactans. Crosgrove Watt, Pam Heath, Ken N. Johnson; 16 mm; 25 minutos con bucle recurrente para replay automático; color; muda con sonidos de coito humano de Caballero Control Corp. de vídeos para adultos. Parodia de las películas estructuralistas neoconceptuales de Golbout y Vodriard; n-fotogramas de diversas variedades de llamas domésticas, desde mecheros y velas de cumpleaños a quemadores de cocina y llamas en la hierba provocadas con una lupa, alternando con secuencias antinarrativas de un hombre (Watt) sentado en un dormitorio a oscuras bebiendo bourbon mientras su esposa (Heath) y un representante de Amway (Johnson) realizan un coito acrobático en un segundo plano, en un pasillo iluminado. INÉDITA POR LITIGIO DEL DIRECTOR CONCEPTUAL ED RUSHA, AUTOR DE «VARIOS FUEGOS PEQUEÑOS», DE LOS AÑOS SESENTA. REESTRENO EN CARTUCHO INTERLACE TELENT. N. 330-45-94 (AMSCD).


La Medusa contra la Odalisca. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Reparto sin créditos; holografía de láser de James O. Incandenza y Urquhart Ogilvie, Jr.; coreografía holográfica de lucha de Kenijiru Hirota por cortesía de Sony Entertainment-Asia; 78 mm; 29 minutos; blanco y negro; muda con apropiados sonidos de audiencia de la televisión comercial. Hologramas móviles de dos mujeres mitológicas y visualmente letales en duelo con superficies reflejantes en el escenario mientras una multitud viva de espectadores se convierte en piedra.EDICIÓN LIMITADA EN CELULOIDE; REEDITADA PRIVADAMENTE EN VÍDEO MAGNÉTICO POR LATRODECTUS MACTANS PRODUCTIONS.


Homo Duplex. Latrodectus Mactans Productions. Narrador, A. S. Heaven; Super 8 mm; 70 minutos; blanco y negro; sonora. Parodia de los «antidocumentales postestructurales» de Woititz y Shulgin, entrevistas con catorce norteamericanos llamados John Wayne, pero que no son el legendario actor del siglo XX John Wayne. VÍDEO MAGNÉTICO (EDICIÓN LIMITADA).


Ceremonia del té con gravedad cero. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Ken N. Johnson, Judith Fukuoka-Hearn, Otto Brandt, E.J. Kenkle; 35 mm; 82 minutos; blanco y negro/color; muda. La completa ceremonia Ocha Kai es celebrada a dos centímetros y medio por encima del suelo de la cámara de simulación de gravedad cero del Johnson Space Center. CEULOIDE; REESTRENO INTERLACE TELENT. N. 357-40-01 (AMPP).


Acuerdo prenupcial del Cielo y el Infierno. A. S. Latrodectus Mactans Productions/Infernatron Animation Concepts, Canadá. Animada con voces sin créditos. Dios y Satán juegan al póquer con cartas de tarot por el alma de un vendedor ambulante alcohólico y obsesionado con El éxtasis de Santa Teresa de Bernini. EDITADA PRIVADAMENTE EN CELULOIDE Y VÍDEO MAGNÉTICO POR LATRODECTUS MACTANS PRODUCTIONS.


La broma5. A. S. Latrodectus Mactans Productions. Audiencia como reparto reflejado; 35 mm × 2 cámaras; duración variable; blanco y negro; muda. Parodia de «acontecimientos específicos en la audiencia» de Hollis Frampton; dos cámaras de vídeo Ikegami EC-35 ruedan en el teatro la «película» y proyectan la consiguiente basura en la pantalla: el público mirándose a sí mismo entiende la obvia «broma» y se pone cada vez más irritado, incómodo y hostil; representa el primer proyecto verdaderamente polémico de Incandenza. Se otorgan créditos a Film & Kartridge Kultcher, de Sperber, por «dar involuntariamente el beso de la muerte al cine post-postestructural en forma de mera irritación». VÍDEO MAGNÉTICO NO FILMADO SOLO PARA USO EN TEATROS, AHORA FUERA DE CIRCULACIÓN.


Cintas de Moebius. Año de la Hamburguesa Whopper. Latrodectus Mactans Productions. «Hugh G. Rection», Pam Heath, «Bunny Day», «Taffy Appel»; 35 mm; 109 minutos; blanco y negro; sonora. Parodia pornográfica, posiblemente un homenaje paródico a All That Jazz, de Fosse, en la que un físico teórico («Rection») que solo puede alcanzar una creativa visión matemática durante el coito, concibe a la Muerte como una mujer letalmente hermosa (Heath). CARTUCHO COMERCIAL INTERLACE TELENT. N. 357-65-32 (AHW).


Hermana sangrienta: una monja dura. Año del Parche Transdérmico Tucks. Latrodectus Mactans Productions. Telma Hurley, Pam Heath, Marla-Dean Chumm, Diane Saltoone, Soma Richardson-Levy, Crosgrove Watt; 35 mm; 90 minutos; color; sonora. Parodia del género de venganza; el fracaso de una monja ex delincuente (Hurley) en su intento de reformar a una delincuente juvenil (Chumm) desencadena una oleada de venganzas. DISEMINACIÓN POR PULSACIÓN INTERLACE TELENT. 21 DE JUNIO DEL APTT, CARTUCHO N. 357-87-04.


Ha sido quitado un valioso cupón. Año del Parche Transdérmico Tucks. Poor Yorick Entertainment Unlimited. Crosgrove Watt, Phillip T. Smothergill, Diane Saltoone; 16 mm; 52 minutos; color; muda. Posible parodia de psicodrama escandinavo; un niño ayuda a su padre alcohólico delirante y a su madre disociada a desmantelar su cama en busca de roedores, y más tarde intuye la futura viabilidad del ciclo-DT de fusión anular litiomizada. CELULOIDE (INÉDITA).


Imágenes infantiles de dictadores famosos. Año del Parche Transdérmico Tucks. Poor Yorick Entertainment Unlimited. Documental; reparto sin créditos con narrador, P. A. Heaven; 16 mm; 45 minutos; blanco y negro; sonora. Niños y adolescentes practican un juego de estrategia termonuclear casi incomprensible con equipamiento de tenis con un telón de fondo real u holográfico (¿) de torres saboteadas de desplazamiento atmosférico ATHSCME 1900 que explotan y caen durante el Año de la Emergencia Química de Nueva Inglaterra en el Año de la Hamburguesa Whopper. CELULOIDE (INÉDITA).


Hombres apuestos en elegantes habitaciones pequeñas que utilizan cada centímetro disponible con una eficiencia demoledora. Inacabada por hospitalización. INÉDITA.






1. Este orden cronológico obedece al Tiempo Subsidiado propuesto por Wallace en la novela. Se realizará una descripción de este y otros detalles curiosos de la novela en un futuro post. Cabe aclarar, sin embargo, que A.S. significa que la película se rodó Antes del Subsidio, y que el primer año del Tiempo Subsidiado es el Año de la Hamburguesa Whopper.a
       
 a. Si esta nota no resultó de ninguna ayuda y solo aportó a confundir al lector, espero que el mismo sepa disculpar a este novato digresor.  


2. Interés restringido a quienes han leído o se encuentran leyendo La broma infinita.


3. Tranquilos, nazis ortográficos; me documenté antes de escribir así el plural de "póster".


4. El crédito de todas las imágenes le pertenece a Chris Ayers, administrador del sitio Poor Yorick Entertainment. Sus impresionantes diseños vuelven aún más real y vivo el mundo creado por David Foster Wallace. 


5. No debe confundirse bajo ningún motivo con La broma infinita (V), película alrededor de la cual gira la trama de la novela. La traducción propicia la confusión: en inglés, La broma es The joke, mientras que La broma infinita es Infinite Jest. 



sábado, 3 de marzo de 2012

Los viajes de los beatniks en busca de ayahuasca.

Ando leyendo muchos libros y artículos sobre drogas (sobre todo psicodélicas) últimamente. Esto me lo digo a mí mismo y trato de preocuparme pero no lo consigo. He terminado de leer (en aproximadamente 18 horas) Las cartas de la ayahuasca, pequeño libro formado por la correspondencia que mantuvieran William Burroughs y Allen Ginsberg durante sus respectivos viajes a Sudamérica en busca de la famosa planta sagrada. Si de este libro dependiera mi decisión de aventurarme también en su búsqueda, seguro que ya hubiera desistido. He tratado más bien de contextualizarlo en su tiempo y en su género. Hay que entender que se trata de uno de los primeros escritos literarios en tratar el asunto. Se desarrolla primero en 1953 (la parte de Burroughs) y después en 1960 (la parte de Ginsberg). También hay que considerar el género epistolar, pero sobre todo el hecho de que lo hayan escrito los principales representantes de la generación Beat. Eso justificaría el hecho de que a veces los "viajes" con ayahuasca queden a un lado y sólo sirvan como nexos para contar otras cosas (por ejemplo, la impresión de asco que dejan Colombia y Ecuador en Burroughs, así como sus aventuras sexuales con muchachitos "de uñas largas" en Perú). Ginsberg es mejor, en mi opinión, para relatar en detalle sus "viajes". No sólo es más poético al narrar sus visiones y sensaciones, sino que nos regala un par de ilustraciones que hizo a partir de lo que vio.




Burroughs trata de redimirse en su respuesta a Ginsberg diciéndole que él ya conocía todo lo que Ginsberg le cuenta, que experimentó de igual forma muchas de estas visiones, pero que el desconcierto fue tal que no alcanzó a narrarlas. "No hay nada que temer." (...) "Nada es Verdad. Todo está permitido", le dice, dado que la carta de Ginsberg era bastante desesperada (temía por su vida y por su cordura). Luego deja de lado el tema y pasa a venderle a Ginsberg la técnica del cut-up, que es lo que en ese momento le tiene apasionado y gracias a la cual ha escrito El almuerzo desnudo y escribirá otras de sus más famosas novelas. El libro termina con el texto ¿Me estoy muriendo, Míster?, en el que Burroughs hace una especie de resumen de su recorrido por Sudamérica, esta vez empleando la técnica narrativa antes mencionada. 

El libro me ha servido como un complemento en mi recolección de información sobre drogas alucinógenas. Quizá los beatniks no son la mejor opción a la hora de pedir consejos al respecto, pero sus experiencias marcaron el inicio de la popularización de todas estas sustancias. A continuación (y para cerrar con un medio audiovisual, que siempre resulta más atractivo), un pedazo de un documental sobre ayahuasca narrado por el viejo Bill. Está en inglés pero se entiende bastante bien a pesar de (o gracias a) el característico acento de Burroughs. 




domingo, 19 de febrero de 2012

Los Swinging Sixties según Peter Hook [a.k.a.] Rodrigo Fresán.

A continuación, uno de mis fragmentos favoritos de todo el libro Jardines de Kensington, de Rodrigo Fresán, donde tenemos la sensación de recorrer una versión corregida y aumentada de la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Se trata del recuerdo (trastocado, comprimido) de una enorme fiesta lisérgica dada por los padres de Peter Hook, el narrador de la historia, en donde se nos ofrece una instantánea de cada uno de los casi 150 personajes que de una u otra forma definieron los sesentas. Quien acceda a adentrarse en este viaje debe estar prevenido  de que es largo y extenuante, sí, pero también emocionante y reconfortante cada vez que aparece un personaje conocido y se nos revela una faceta desconocida del mismo. Quien sienta que ha sido influido en más de un aspecto por los sesentas (todos lo hemos sido) no se arrepentirá; es más: está obligado a leer el libro entero. En el fragmento que transcribo no se hace mención (si ocurre, es de manera tangencial y breve) a James Matthew Barrie (creador de Peter Pan) y con él a la era victoriana. Es una lástima porque eso daría una idea más exacta de lo que el libro es: "un curioso tapiz victoriano/pop y un alucinado artefacto gótico/psicodélico a la vez que una original investigación sobre los fines y el final de la niñez; sobre la tan frágil como poderosa naturaleza de la memoria y del tiempo; sobre el estilo con el que los vivos reescriben a los muertos y los muertos corrigen a los vivos; y sobre las imprevisibles maneras en que los libros del pasado acaban formando el futuro de sus lectores y deformando el presente de sus autores."


So may I introduce to you the act you've known for all these years. 
We hope you will enjoy the show / Sit back and let the evening go: 





Personas famosas que recuerdo haber visto durante mi infancia, en fiestas. En muchas fiestas que a la hora del recuerdo fundo y festejo en una única fiesta inolvidable para ahorrar tiempo y espacio, y después de todo, mejor así: máximo lujo, como en esas superproducciones históricas donde se condensa todo un período histórico en una noche y, de pronto, todos los que jamás se conocieron coinciden en una estancia amplia al calor del fuego de una misma chimenea, alzando copas y derribando cuerpos y firmando pergaminos independentistas o declaraciones de guerra.

[...] Aquí vienen: 

Martin Allen (editor de Vogue, a la caza de nuevas caras y capturando demasiadas nuevas caras, jamás han existido tantas caras nuevas en Londres, todas al mismo tiempo, hablando y parpadeando y besando y bebiendo y tragando: bienvenidos al safari de la Era de la Cara Nueva); Woody Allen (en Londres filmando Casino Royale; hace chistes sobre Marcuse y Laing que nadie comprende; alguien le pregunta en qué banda tocan esos dos, en qué galería exponen, en qué película actúan, en qué restaurante cocinan, en qué boutique diseñan ropa); The Animals (Eric Burdon pregunta a Bob Dylan si ya llegó Bob Dylan: "No, no he llegado aún", le responde Bob Dylan); la princesa Anne (a la que siempre confundí con la princesa Margaret); Michelangelo Antonini (reparte entre los fotógrafos un obsesivo cuestionario para preparar el personaje protagónico de su film Blow-Up con preguntas como: "¿Se les pide a los fotógrafos de moda que realcen la naturaleza sexual de la modelo o que solo se limiten a destacar la ropa?", "¿Suelen ser felices sus matrimonios?", "¿Son religiosos?", "De no serlo: ¿se trata de que no le prestan atención a nada relacionado con códigos de ética o comportamiento o se debe a un rechazo meditado y posible de justificar?", "¿Beben en pubs?", "¿Tienen chóferes para sus Rolls-Royces, o prefieren conducirlos ustedes mismos?", "¿Les preocupa la vida y la muerte?". Después, Antonini anuncia que piensa pintar el césped del Maryon Park, donde filmará parte de la película, de color "verde más verde"); Jane y Peter Asher (hermana y hermano); John y Neil Aspinall (hermano y hermano; ser hermano es in; ser primo es out); Richard Avedon (me toma una foto a los siete años donde parezco una especia de Marlon Brando enano en The WIld One; la gorra que llevo me la prestó Ringo, es la que usó en las secuencias tan free cinema, o tan nouvelle vague, de A Hard Day's Night); Francis Bacon (de mal humor); Joan Baez (de peor humor); David Bailey (a todo el que se cruza con él le repite: "Blow-Up c'est moi... Yo soy la inspiración para el personaje del fotógrafo de la película y no Brian Duffy ni Terrence Donovan, ¿eh?"); Chet Baker (que se cae por las escaleras, unas escaleras muy largas y, no me pregunten cómo, acaba de pie, sonriendo; le falta uno de sus dientes; alguien comenta la firmeza y profundidad de las líneas que cruzan su rostro; alguien responde que "Son las marcas de alguien que se ríe mucho"; alguien añade que "Es imposible que alguien se haya reído tanto en la vida para quedar así"); James Graham Ballard (en silencio, sonríe todo el tiempo, parece una réplica de un Ballard original que jamás existió, o algo así, ya sé: suena raro y, de golpe, como activado por una corriente eléctrica, se pone a hablar de la maldición del Porsche Silver Spyder en el que murió James Dean: "Días antes de estrenarlo, Dean había filmado un breve spot alertando a los jóvenes de los peligros de las carreteras y la velocidad... Los restos del auto cayeron encima de un mecánico y le rompieron ambas piernas; más tarde, al ser exhibida como parte de una campaña de educación vial por el Greater Los Ángeles Safety Council, volvió a caerse de la tarima con ruedas en la que lo transportaban y destrozó los huesos de la cadera de un adolescente; un doctor de Beverly Hills que compró el motor y lo instaló en otro vehículo murió conduciéndolo..."); Balthus (llega y se va casi más temprano de lo que llegó luego de preguntar si hemos visto a su gato y, lo más importante, si está aquí su hijo Stash de Rola [a.k.a.] Príncipe Stanislas Klossowski de Rola y barón de Waterville, recientemente arrestado junto a Brian Jones, su camarada de aventuras narcóticas, por posesión de cocaína, metedrina y resina de cannabis); Brigitte Bardot (su inglés es pésimo; Paul McCartney no deja de pedirle disculpas, en un francés bastante deficiente, por no haberla puesto en la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band: "Eres la favorita de los cuatro, pero no sé a quién se le ocurrió poner a Diana Dors"); Syd Barret (sin Pink Floyd y quien todavía no ha probado el ácido lisérgico, o sí, no parece haber gran diferencia en su comportamiento); Alan Bates (se quita la camisa con la menor excusa, sin motivo, por el solo placer de mostrar su tórax); The Beatles (quienes al principio a un monstruo de cuatro cabezas y más adelante a cuatro cuerpos decapitados); Cecil Beaton (parece un mayordomo que sólo podría ser un asesino); Samuel Beckett (parece un asesino que sólo podría ser un mayordomo); Marisa Berenson(aprendiendo a jadear); Jane Birkin (anseñando a jadear como lo hace en "Je t'aime... moi non plus" junto a Serge Gainsbourg); Jacqueline Bisset (aprendiendo a jadear); Peter Blake (jadeándole a todo el que se le acerca cómo fue que se le ocurrió "nada más que a él" la idea para la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band y que el maldito Lennon quería incluir a Adolf Hitler entre los figurantes pero, claro, no le dejaron que se saliera con la suya); Cilla Black (groupie paradigmática, alguna vez chica del guardarropa en The Cavern, Liverpool, luego vendedora glam en la boutique Biba, y ahora chanteusse y protegida de Brian Epstein y The Beatles); Dirk Bogarde (toma notas en uno de esos tan prácticos y finos y proletarios Moleskin Notebooks; Bogarde está disfrazado de sirviente, muy gracioso); David Bowie (con maquillaje de mimo y ofreciendo canapés); Wilfred Brambell (el actor que interpreta al abuelo de Paul McCartney en A Hard Day's Night; nada que ver con mi abuelo, mi abuelo es un anciano todavía mucho más... limpio que el de Paul); Marlon Brando (su inglés es todavía peor que el de Brigitte Bardot); Tara Browne (pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres); Lenny Bruce (hablando solo, hablando rápido); William Burroughs (recoge, recorta y recompagina y cut up las páginas que alguien arrancó de los libros de la biblioteca noches atrás mientras perfuma la biblioteca con un extraño tanque fumigador y asegura que "se califica a algo de experimental cuando el experimento salió mal"); Michael caine (intenta esquivar todo el tiempo a Terence Stamp; están recién peleados, compartían piso y ambiciones; la cosa se complicó cuando la modelo Jean Shrimpton se mudó con ellos; no, se mudó con Terence, pero al piso donde también vivía Michael); Truman Capote (esa voz como uñas sobre una pizarra cantando, toda la noche, una y otra vez, en realidad un única vez, pero como un sampling infinito y agudo, alguna canción de The Mikado); John Casavettes (con una filmadora portátil súper-8, pero sin película); Cher (sin Sonny); Julie Christie (de la que me enamoré a los cinco años, por primera vez en mi vida, creo, estoy muy seguro; y es tan raro verla de cerca y en casa cuando uno está acostumbrado a verla inmensa y gigantesca como una diosa olímpica y siempre en espacios abiertos, en granjas y en dachas y en prados y en estepas); Eric Clapton (no deja de mirar de reojo a Patti Harrison, mejor mujer de su mejor amigo; no deja de mirar a la futura Patti Clapton y los mejores amigos son tan traicionables); Cassius Clay (grita que él es ¡¡¡EL REY DEL MUNDO!!!; Clay lo grita en mayúsculas y con tres signos de exclamación a cada lado del grito); Sean Connery (insoportable, su pelo se mueve; luego supe que no era su pelo; me prometí ahí mismo que, ocurriera lo que ocurriera; jamás me rebajaría a usar pelo falso); Jerry Cornelius (existe, yo lo vi); Tom Courtenay (no deja de correr, solo, por los bosques de Sad Songs que rodean Neverland); Noel Coward (me cuenta que a los catorce años fue reclutado para ser Slightly, uno de los lost boys, en el revival de Peter Pan de 1913-1914; y yo pensé que era mentira pero era verdad; encontré una foto donde Coward parece disfrazado; aquí está Keiko Kai: Slightly); Quentin Crisp (aprendiendo a jadear junto con las chicas); Peter Cuching (pregunta si alguien ha visto a Christopher Lee); Tony Curtis (supongo que está aquí poruqe es una de las figuras que aparece en la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band; Peter Blake pidió que se lo incluyera, no sé por qué); Ray Davies ("Raymond es igual que yo; sólo que él es un genio y...", sonreía mi padre con tristeza; Davies parece trite y fuera de lugar y profundamente irritado por absolutamente todo); Sammy Davis (Cassius Clay, esta noche ya transformado en Muhammad Ali, lo acusa de ser un jodido esclavo negro a las órdenes de Frank Sinatra, Dean Martin & Co.; después le dice que debería darle vergüenza ser tuerto, judío, rengo y enano; porque los buenos negros tienen que ser perfectos); Catherine Deneuve (imita a Marlene Dietrich); Marlene Dietrich (imita a Catherine Deneuve y, de paso, le pregunta a Deneuve cómo es que no aparece en la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band; Deneuve finge no entender el francés de la alemana que sí aparece en la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band); Donovan (siempre me dio lástima, mucha); Françoise Dorléac (pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres); Bob Dylan (ya te conté acerca de Bob Dylan, Keiko Kai); Sibylla Edmonstone (me acuerdo de su nombre, no recuerdo su rostro); Magnus Eisengrim (me acuerdo de que, para un cumpleaños de mi madre, realizó el truco de magia de cortarle la cabeza a Sibylla Edmonstone, y tal vez sea por eso que no recuerdo el rostro de Sibylla Edmonstone); Brian Epstein (no deja de tragar sedantes marca Carbrital, pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres); Marianne Faithfull (una vez la vi desnuda); Mia Farrow (quien fue un espantoso Peter Pan televisivo, Hallmark Hall of Fame, NBC, 1976; el tipo de mujer que, ni siquiera cuando eres muy joven, te interesa ver desnuda; si la llegas a ver, sal corriendo Keiko Kai: intentará adoptarte); Federico Fellini (le ofrece instrucciones a Terence Stamp para su próximo personaje, como Stamp, en su próxima película, de Fellini, en un inglés un tanto fellinesco: Terenccino... You was party. One orgía. Lotta whisky. Glu-glu-glú. Troppo hashish, marihuana coca e fucking fucking fucking. Fringüi-frungüi tutta la night. Doppo a Roma. LSD en el avione..."); Peter Finch (cerca de este mundanal ruido, las manos tapando sus oídos, sin entender demasiado, nada); Albert Finney (sin camisa, Alan Bates lo ha desafiado a quitársela, Finney parece ligeramente avergonzado); Ian Fleming (llega pensando que se trata de una fiesta de mis abuelos, decide quedarse, ignora a Sean Connery, quien por entonces filma su primer Bond; Fleming fallecerá antes el estreno, creo); Peter Fonda (le dice a John Lennon que una vez estuvo muerto, que él sabe lo que es estar muerto y que "no hay nada de que preocuparse en cuanto a ese tema"); Robert Fraser (muestra fotos de las obras de los artistas de su galería y reparte esposas de colores; él mismo lleva una de ellas en la muñeca izquierda, como souvenir conmemorativo de su salida de la cárcel adonde fue a parar, junto a Mick Jagger, por una de esas típicas cuestiones narcóticas); Lucien Freud (pregunta, un poco desesperado, si hemos visto a su perro; le contestan que no, que todavía están buscando el gato de Balthus); Serge Gainsbourg (nunca mira a las mujeres a los ojos, prefiere mirarles el culo y, cuando ellas le preguntan por qué no las mira  a los ojos, él les responde: "Es que soy tan tímido que sólo me atrevo a mirarles el culo"); Judy Garland (me besa, me abraza, me canta; no entiendo una palabra de lo que me dice); Allen Ginsberg (quien ya por entonces me daba y nunca dejó de darme vergüenza ajena); Glenn Gould (guantes y bufanda y gorro de lana; dice que The Beatles "son algo totalmente secundario"; mi padre, emocionado, lo abraza); Graham Greene (quien en A Sort of Life, una de sus varias autobiografías mentirosas, cuenta cómo, e pequeño, iba a leer a Kensington Gardens, y me pegunto si alguna vez habrá jugado con Barrie y Porthos); Hugh Hefner (en pijama, igual que yo, que, en muchas de esas ocasiones , descendía desde mi habitación y, como un polizonte, me desvelaba en una de esas noches de aquellos días; el pijama de Hefner era de un azul claro, el mío era de tela con estampados búlgaros o psicodélicos, comprados, siempre, en la boutique Granny Takes a Trip o en I Was Lord Kitchener's Valet, no estoy del todo seguro); David Hemmings (Michelangelo "Don't Call Me Signore, Call Me Michelangelo" Antonini acaba de comunicarle que él será el protagonista de Blow-Up y no, contrario de lo que todos piensan, Terence Stamp: "Silence: Top Secret", le advierte); Jimi Hendrix (el más descaradamente inimitable en esos tiempos en que todos imitaban a todos poruqe bueno, Hendrix era negro, era difícil de imitar; aunque Hendrix era más fácil de imitar que Sammy Davis Jr., supongo); Audrey Hepburn (ha venido con John Cukor, conversan sobre la posibilidad de hacer juntos un Peter Pan que no se filmará nunca; Audrey Hepburn en el papel protagónico, sus ojos tan grandes como bocas, tal vez hubiera sido el mejor Peter Pan de todos, pensé entonces y lo sigo pensando ahora); David Hockney (pregunta por las bondades del clima de California); Michael Hollingshead (quien ha llegado a Londres con dos mil dosis de LSD impostadas legalmente de un laboratorio gubernamental de Praga dentro de un frasco de mayonesa, "El jarabe favorito de Aldous Huxley; el viejo se fue al otro lado de la puerta después de recibir por última vez estos visionarios y santos óleos y aleluya", explica); Dennis Hopper (le pide píldoras a Brian Epstein y le dice a Lennon que él nunca va a saber lo que es estar muerto, como el imbécil de Peter Fonda); Brian Jones (sin The Rolling Stones); Danny Kaye (nunca me pareció gracioso; no hay nada menos gracioso que alguien desesperado por parecer gracioso); la party girl Christine Keeler (y su socia Mandy Rice-Davies, siempre con sus rostros transfigurados por el eco de un pasado orgasmo que conectará con el sonido de su próximo orgasmo; sin embargo, ellas no jadean, no les interesa lo que quiere enseñarles Jane Birkin: ya saben jadear a la perfección); los hermanos Kray (gángstes gemelos, peligrosos de moda; una noche vi y, lo más perturbador de todo, oí como le rompían las piernas a un bon vivant que les debía algo: se lo llevaron detrás de unos arbustos de Neverland, y después, enseguida, ese sonido; después salieron los dos sonriendo sonrisas siamesas y arreglándose mutuamente las corbatas); Jiddu Krishnamutri (me regala un mantra y después, arrepentido, me exige que se lo devuelva); Stanley Kubrick (el mejor de todos, viene acompañado por un gigantesco mono que, descubro, es un hombre disfrazado de antropoide o algo así; Kubrick se arrodilla y me sonríe y me pregunta si creo en la existencia de vida inteligente en otros planetas; le pregunto en cuál de ellos: ¿En la Tierra o en el que vivo yo?); Philip Larkin (pensando-diciendo-escribiendo-recitando aquello de "Never such innocence again"); Peter Lawford (una especie de sonámbulo programado para pronunciar el apellido Kennedy y el apellido Sinatra por lo menos una vez por minuto); Timothy Leary (en órbita, flotando, mirable triptu, reparte terrones de azúcar en los que deja caer la bendición de una gota de "elixir espiritual"); Christopher Lee (pregunta si alguien ha visto a Peter Cushing); Sonny Liston (apenas dos minutos y KO frente a Clay Ali); David Litvinoff (gurú del demi-monde de Chelsea; James Fox le pide consejos para su personaje de Performance; "Ah, vamos al baño Foxie... Tengo algo para que pruebes", le responde Litvinoff); Joseph Losey (preocupado por el inminente fracaso de su Modesty Blaise); Magic Alex (nacido Yannis Alexis Mardas, reparador de televisores y genio en residencia de Apple Electronics a costa de las cada vez más caóticas finanzas de sus cuatro jefes; un estafador delirante empeñado en la fabricación de empapelado que sonara en stereo y la construcción de una casa flotante y comunal en la isla griega de Leslo para que The Beatles pudieran vivir allí con sus familias y, quién sabe, tal vez el proyecto robinsoniano haya sido descartado luego de lo que les ocurrió a mis padres en alta mar o de haber visto algún revival de The Admirable Crichton); la Princesa Margaret (a la que siempre confundí con la Princesa Anne); Dean Martin (mira a The Rolling Stones y comenta con sonrisa siempre apoyada en un martini: "No es que tengan el pelo largo; es que sus frentes son muy estrechas y sus cejas muy peludas", y agrega "Que alguien me traiga otro Dean Martini"); Joe Meek (productor musical de comportamiento cada vez más bizzarro, creador en 1962 del exitoso instrumental single/sci-fi "Telstar" —guitarra eléctrica y sonido de un wáter— y de I Hear a New World —el primer primer álbum conceptual-electrónico— y célebre por descubrir la formidable acústica de lo baños con azulejos a la hora de grabar una buena voz; aquí está, pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres; pensando en que no estaría mal volver a casa, volarle la cabeza de un disparo a su casera y después volarse su propia cabeza, de ser posible, en el baño, para "ver cómo suena", para que sea más fácil limpiar toda esa sangre; y primero lo piensa y enseguida lo hace); Paul Morrisey (brazo derecho y hemisferio izquierdo de Andy Warhol; mira alrededor y hace una mueca y dice "No puedo entender por qué todos ustedes no dejan de repetir eso de 'estoy experimentando con drogas'. Con lo que están experimentando es con la mala salud. Ahora que los científicos han conseguido erradicar la polio y la viruela y todas esas enfermedades infantiles, lo que hacen ustedes es drogarse nada más para ver cómo era eso de estar enfermo"); V.S. Naipaul (¿qué hace aquí?, supongo que no ha podido sacudirse el vicio de los tiempos en que escribía para el noticiero caribeño de la BBC y lo enviaban a territorios extraño de Londres en busca de "color local"; de ser así, Naipaul no ha perdido en su rostro ese rictus  —un poco de asco, un poco de placer— del que abre un tajo en la materia orgánica justo antes de que comience a pudrirse y mira ahí dentro cómo se inventan a sí mismos los gusanos); Nico (no confundir con Nico Llewelyn-Davies, hijo de Arthur y Sylvia; se trata de Christa ""Nico"Paffgen, la chanteuse impuesta por Warhol a The Velvet Underground; falta mucho para que muera en un accidente de bicicleta en España, no tiene aún esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia, pero casi no se nota la diferencia); Rudolf Nureyev (baila, y lo cierto es que lo suyo no me impresiona más que lo que hizo Chet Baker); Claes Oldenburg (a quien mi madre le encarga algo pequeño); Yoko Ono (a quien mi madre no le encarga nada); un puñado de jóvenes Ladies y Lords con el apellido Ormsby-Gore (aristócratas que disfrutan ascendiendo a los infierno de los malditos, ex compañeros de escuela privada de mis padres, que al salir el sol regresan, como vampiros que sólo beben sangre azul, a los dormitorios abovedados de los castillos paternos); Andrew Loog Oldham (PR man de The Rolling Stones, poseído y profético, augurando que en el futuro "se discutirá acerca de si los '60 empezaron en el '67 o terminaron mucho antes, cuando The Beatles fueron a América", usa los dedos se ambas manos para enumerar a cuántos inocentes peatones del Soho ha atropellado últimamente con su nuevo "Jag"); Joe Orton (quien, pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres, arranca páginas de libros y les pega fotos encima, las páginas que noches más tarde encontrará William Burroughs); Peter O'Toole (que, ¿milagro?, como de costumbre, rompe en llanto sin por eso dejar de sonreír y me explica por qué hay que chocar las copas cuando se brinda: me dice, con una lacrimosa sonrisa, que en el acto de beber se encuentran implicados todos los sentidos  —la vista, el tacto, el gusto, el olfato— menos el oído; y que por eso hay que provocar ese ¡drink! cristalino, para que todo sea perfecto); Jimmy Page (session man de luxe, aún sin Led Zeppelin, ejecuta complejos pases mágicos y negros sobre la negra cabeza de Hendrix sin que Hendrix se dé por enterado); Anita Pallenberg (desnuda, también); Pier Paolo Pasolini (le ofrece instrucciones a Terence Stamp para su próximo personaje, Terence haciendo de Stamp, en su próxima película, de Pasolini, en un inglés un tanto pasoliniano: "He's a boy" y "Open your legs all the time", eso es todo, no hace falta más); D. A. Pennbaker (con cámara portátil pero, a deiferencia de Cassavetes, con película adentro); Pink Floyd (sin Syd Barret y sin David Gilmour; todavía se llaman The Abdabs) Alexander Plunket-Greene (marido de Mary Quant, traje impecable pero sin camisa, la corbata y los botones pintados en su pecho desnudo); Roman Polanski (le pide por favor a Vidal Sassoon que viaje a New York para cortarlo el pelo a Mia Farrow en Rosemary's Baby) Elvis Presley (no estoy seguro de si era Elvis Presley; no recuerdo si era un Elvis Flaco o un Elvis Gordo: en cualquier caso, alguien que era idéntico a esos dos Elvis Presleys); Mary Quant (señalando hasta dónde piensa subir el ruedo de su próxima generación de minifaldas y lanzando una carcajada cuando alguien le comenta que, según fuentes policiales, los índices de violación de mujeres en la ciudad de Londres habían aumentado en un 90% desde que las mujeres se paseaban por ahí con los muslos al aire); Oliver Reed (sin camisa, pero borracho): Lynn y Vanessa Redgrave (más hermanas); Diana Rigg (sin catsuit, maldita sea); Tom Ripley (existe, yo lo vi); Nicolas Roeg (le ofrece instrucciones a James Fox para su próximo personaje, James haciendo de Fox, en la primera película, de Roeg, sin que haga falta pronunciar más que una palabra: drugs; "Te lo dije... no me hiciste caso, vamos al baño", le insiste Litvinoff, que vuelve a pasar por ahí); The Rolling Stones (sin Brian Jones); Ed Ruscha (uno de mis pintores favoritos, uno de esos pintores que no parecen pintar otra cosa que los momentos más irreales de la realidad: letras en lugar de nubes, el cielo como lienzo); Ken Russell (uno de mis directores de cine menos favoritos); Vidal Sassoon (que le responde a Roman Polanski, Oky-doky, le dice que sí, va a cortarle el pelo a Mia Farrow, buena publicidad para todos); Telly Savalas (todavía con algo de pelo); Gerald Scarfe (me dibujó, salí feo; me explica que nadie sale hermoso en sus dibujos, que no es su estilo); Peter Sellers ([...] y alguien se acerca a Sellers y le propone ser Hook para una posible nueva versión de Peter Pan y Sellers contesta con voz rara, con una voz que es y que no es la suya —pero que da igual porque "ya no recuerdo cuál era mi verdadera voz"—, voz con una de sus muchas voces, que "no, no, gracias"); Jean y Christie Shrimpton (otras hermanas); Frank Sinatra (no estoy del todo seguro; en cualquier caso, alguien que era idéntico a Frank Sinatra y que conversaba con aquel otro que era idéntico a los tamaños —large y extra large— de Elvis Presley); Lord Snowdown (toma fotos, toma champagne, no revela nada); Terry Southern (el único a quien lo único que parece importarle es el destino del equipo inglés en la inminente final de la World Cup 1966); Phil Spector (con revólver, a veces lo disparaba al aire, agujeros de bala en el techo, en una armadura, en un oso polar y embalsamado que mi abuelo trajo de una expedición); Terence Stamp (que no dejaba de mirarse en los espejos y los espejos no dejan de mirarlo a él); Cat Stevens (ya te conté acerca de Cat Stevens, Keiko Kai); Sharon Tate (su fantasma o, no estoy seguro de la fecha, tal vez pocas noches antes de morir, pero ya despidiendo esa tan curiosa como inconfundible fosforescencia que desprenden los cuerpos de los casi cadáveres); Vince Taylor (está vestido con cuero negro y tiene la cabeza afeitada y, mientras quema cientos de billetes de una libra, proclama a la concurrencia: "El dinero es la raíz del mal y yo soy Mateo, el nuevo Jesús, el hijo extraterrestre de Dios... ¡Rock and roll! Tengo un avión esperándonos a pocos kilómetros de aquí y están todos invitados a volar conmigo hacia Hollywood"); Twiggy (todo le hace reír); Kenneth Tynan (se ríe de todos); Roger Vadim (todavía no se divorció de Catherine Deneuve pero Catherine Deneuve ya vive con David Bailey: no problem); Verushka ("Yo también estoy en Blow-Up"); Monica Vitti (nadie la soporta, en especial Joseph Losey y Terence Stamp); Klaus Voorman (mostrando el original de su ilustración para la portada de Revolver); Andy Warhol (quien dice "ah, oh, ah, oh, ah..."); Evelyn Waugh (llega pensando que se trata de una fiesta de mis abuelos, decide quedarse); The Who (vienen de tocar en Ready, Steady, Go!; los vi en televisión, Pete rompió su guitarra y Keith rompió su batería y yo, para no ser menos, esa misma noche, arrojé mi pequeño escritorio por la ventana).



We hope you have enjoyed the show / We're sorry but it's time to go.